-¿Papá, a dónde vamos?
-El Señor me mostró un lugar, y me dijo que debíamos adorarle ahí.
-mmmm, y ¿porqué tan lejos?
-no lo sé...
-y ¿como vamos a adorar?
-vamos a ofrecer un sacrificio.
-mmmm y ¿que vamos a sacrificar?
-¡Dios proveerá!
Este es el comienzo de una de las mayores historias de fe y amor que he conocido. Abraham, va camino al lugar donde debe ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio.
¿Que podría cruzar por su mente mientras caminaban?
Y para rematar eran tres días de camino. No fue que Dios le dijo: "-ofreceme a Isaac en sacrificio ahora mismo", donde el podía, ir, llamar a Isaac, sacrificarle y acabar su agonía.
Abraham posiblemente pensaba: "-Pero ¿como?, ¿en que momento me equivoque?, ¿Pero este fue el hijo que tu me diste?. Buscando alguna respuesta en su razonamiento, posiblemente guardaba la esperanza de que Dios le viera de camino y dijera: "-Mira, Abraham va de camino, le voy a decir que era una prueba". Sin embargo durante los tres días de camino la esperanza poco a poco se desvanecía y eso nunca sucedió.
Muchas veces me he sentido como Abraham, caminando hacia la muerte, llevando cosas que atesoro en mi corazón, cosas, personas o recuerdos buenos, que Dios me ha dado pero en cierto momento me ha pedido que los lleve a ese lugar, y yendo de camino he tenido que morir a mi misma muchísimas veces.
Ha sido un camino de silencios, y pensamientos sin fin, preguntandome, en que momento dejé de escuchar su vos, en que momento comencé a amar mas aquello que el me dió.
Incluso a veces he llegado a pensar, no es justo que Dios me esté pidiendo esto, entonces ¿Para que me lo dió?. Unos días atrás pensaba eso y leía un artículo de Watchman Nee, uno de los grandes líderes de la iglesia china al comienzo del siglo XX y el decía: "Dios no nos obliga a hacer nada, pero como sus hijos Él espera que nosotros estemos dispuestos".
Me doy cuenta que estamos dispuestos a recibir las bendiciones, pero no queremos que Dios nos pida nada a cambio. Ponemos a Dios en su trono dentro de nuestras vidas cuando nos conviene. A pesar de eso, Él sigue siendo paciente con nosotros. Hemos olvidado que todo lo que somos, lo que tenemos y lo que existe es de Él. Él ha pagado un precio por nosotros y nosotros le pertenecemos.
¿Como pues podemos pensar que Dios nos está pidiendo cosas que nos pertenecen?
Y al igual que Abraham después de una lucha interna arrancandome de mi misma las cosas que he pegado a mi alma, he decidido entregar a Dios lo que siempre ha sido de Él.
Solo después me he dado cuenta que El Señor hubo devuelto a Isaac. Su propósito no era quitarle a Abraham su hijo, sino quitarle todo aquello que el estuviera amando mas que a Dios.
Muchas veces me encontrado a mi misma, amando mas lo que Él me ha dado que a Él mismo.
Aún no he recuperado aquello que Dios una vez me dió y que ahora me pidió. Pero se que aún si no me lo regresara, eso nunca ha sido realmente mío. Él no me obligó a entregárselo, sin embargo esperaba que yo estuviera dispuesta.
¿Estas dispuesto a dar a Dios lo que Él te esta pidiendo?
-El Señor me mostró un lugar, y me dijo que debíamos adorarle ahí.
-mmmm, y ¿porqué tan lejos?
-no lo sé...
-y ¿como vamos a adorar?
-vamos a ofrecer un sacrificio.
-mmmm y ¿que vamos a sacrificar?
-¡Dios proveerá!
Este es el comienzo de una de las mayores historias de fe y amor que he conocido. Abraham, va camino al lugar donde debe ofrecer a su hijo Isaac en sacrificio.
¿Que podría cruzar por su mente mientras caminaban?
Y para rematar eran tres días de camino. No fue que Dios le dijo: "-ofreceme a Isaac en sacrificio ahora mismo", donde el podía, ir, llamar a Isaac, sacrificarle y acabar su agonía.
Abraham posiblemente pensaba: "-Pero ¿como?, ¿en que momento me equivoque?, ¿Pero este fue el hijo que tu me diste?. Buscando alguna respuesta en su razonamiento, posiblemente guardaba la esperanza de que Dios le viera de camino y dijera: "-Mira, Abraham va de camino, le voy a decir que era una prueba". Sin embargo durante los tres días de camino la esperanza poco a poco se desvanecía y eso nunca sucedió.
Muchas veces me he sentido como Abraham, caminando hacia la muerte, llevando cosas que atesoro en mi corazón, cosas, personas o recuerdos buenos, que Dios me ha dado pero en cierto momento me ha pedido que los lleve a ese lugar, y yendo de camino he tenido que morir a mi misma muchísimas veces.
Ha sido un camino de silencios, y pensamientos sin fin, preguntandome, en que momento dejé de escuchar su vos, en que momento comencé a amar mas aquello que el me dió.
Incluso a veces he llegado a pensar, no es justo que Dios me esté pidiendo esto, entonces ¿Para que me lo dió?. Unos días atrás pensaba eso y leía un artículo de Watchman Nee, uno de los grandes líderes de la iglesia china al comienzo del siglo XX y el decía: "Dios no nos obliga a hacer nada, pero como sus hijos Él espera que nosotros estemos dispuestos".
Me doy cuenta que estamos dispuestos a recibir las bendiciones, pero no queremos que Dios nos pida nada a cambio. Ponemos a Dios en su trono dentro de nuestras vidas cuando nos conviene. A pesar de eso, Él sigue siendo paciente con nosotros. Hemos olvidado que todo lo que somos, lo que tenemos y lo que existe es de Él. Él ha pagado un precio por nosotros y nosotros le pertenecemos.
¿Como pues podemos pensar que Dios nos está pidiendo cosas que nos pertenecen?
Y al igual que Abraham después de una lucha interna arrancandome de mi misma las cosas que he pegado a mi alma, he decidido entregar a Dios lo que siempre ha sido de Él.
Solo después me he dado cuenta que El Señor hubo devuelto a Isaac. Su propósito no era quitarle a Abraham su hijo, sino quitarle todo aquello que el estuviera amando mas que a Dios.
Muchas veces me encontrado a mi misma, amando mas lo que Él me ha dado que a Él mismo.
Aún no he recuperado aquello que Dios una vez me dió y que ahora me pidió. Pero se que aún si no me lo regresara, eso nunca ha sido realmente mío. Él no me obligó a entregárselo, sin embargo esperaba que yo estuviera dispuesta.
¿Estas dispuesto a dar a Dios lo que Él te esta pidiendo?
Comentarios
Publicar un comentario